Gestionando el Conocimiento - Introducción a CMS

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En un sentido intuitivo, podemos entender las organizaciones como comunidades o conjuntos de individuos cuyos miembros se estructuran y se articulan para cubrir unos objetivos determinados. A la luz de esta descripción, podemos considerar un hospital, una ONG, un centro educativo, un ministerio, un centro de investigación, una institución política o incluso, podemos definir, una unidad familiar como ejemplos claros de organización.

Sin embargo, no tendríamos demasiados problemas en convenir que las empresas suelen coincidir con el paradigma de organización que todos tenemos en nuestras mentes. Las empresas están constituidas por un conjunto de individuos estructurados y articulados para cubrir unos fines comunes. En la mayoría de los casos, los principales objetivos que se persiguen son la obtención de beneficios y la supervivencia a largo plazo de la propia empresa.

Dentro del contexto de las organizaciones, se suele manejar el concepto de activo. En cierto sentido, podemos considerar como activo de una organización todo aquello que permite o ayuda a una organización en el cumplimiento de sus objetivos. O en un sentido más técnico: todo aquello que puede convertirse en valor para la organización. Los locales que utiliza la organización, las personas que la forman, el capital del que dispone o la maquinaria y las computadoras que emplea, son algunos ejemplos de activos de esa organización.

Históricamente, las organizaciones en general -y las empresas en particular-, sólo han considerado como activos elementos materiales o tangibles. En este sentido, en los estados contables tradicionales
acostumbraban a aparecer descritos como activos ítems claramente identificados y sobre los que se tuviera una información y una valoración fiable. En muy pocos casos se reconocía como activos otros elementos que no fueran tangibles o materiales, que no tuvieran, por decirlo en un sentido extremo, una dimensión o naturaleza espacio-temporal.

Sin embargo, desde la mitad de la década de los noventa esta tendencia está cambiando. Las empresas se han dado cuenta de que para poder realizar unos estados contables más fiables y realistas han de incluir, además de elementos tangibles, activos de naturaleza intangible. Se trata de elementos que, aun siendo no tangibles, son capaces de producir igualmente valor para la organización, son capaces de contribuir a que la organización alcance sus objetivos.

Entre esos activos intangibles destaca uno en especial por el papel crítico que juega en el contexto de las organizaciones: el conocimiento. En la última década, el conocimiento se ha perfilado como un recurso clave para las  empresas, a veces más importante que el propio capital o el trabajo. Se ha considerado, en definitiva, como uno de los activos que pueden convertirse en la principal fuente de ventajas competitivas que permita la supervivencia de una compañía en el actual escenario de globalización de mercados y de feroz competencia.

Con el objetivo de intentar convertir el conocimiento en ese valor añadido que puede garantizar el correcto funcionamiento y la supervivencia de las empresas en el nuevo escenario económico, emerge con fuerza en la última década una nueva disciplina: la gestión del conocimiento.

Una de las características más importantes de esta nueva disciplina es su importante dimensión tecnológica. La gestión del conocimiento no sería lo que actualmente es si no hubiera aparecido de la mano del desarrollo de una serie de tecnologías de la información y de la comunicación. De esta manera,existe un vasto conjunto de soluciones tecnológicas que participan en el éxito pragmático de esta disciplina y que, en cierto sentido, compiten por ocupar un lugar privilegiado dentro de la misma. En los últimos años se está desarrollando y consolidando una nueva herramienta, los sistemas de gestión de contenidos (Content Management Systems, CMS) que, por sus características funcionales propias, puede llegar a convertirse en el estándar tecnológico para la implementación de los programas de gestión del conocimiento.

El objetivo principal de este blog es evaluar cómo estos nuevos sistemas de gestión de contenidos pueden convertirse en el componente tecnológico más adecuados para la consolidación de la disciplina de la gestión del conocimiento.

Sistemas de gestión de contenidos Aunque existan muchos productos en el mercado y se hayan escrito verdaderos ríos de tinta sobre los Sistemas de Gestión de Contenido (CMS), no es una tarea sencilla caracterizar este tipo de sistemas. El problema no radica en la complejidad del objeto analizado, sino, más bien, en la naturaleza del mismo. Y es que, como señalan algunos autores (Browning y Lowndes, 2001,por ejemplo), los CMS son más un nuevo concepto que una nueva tecnología.

José Luis Palacios.